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jueves, 20 de febrero de 2020

SENSACIONES, SENTIMIENTOS, EMOCIONES Y PASIONES

 Abandono, Abatimiento, (estar) Abrumado, Aburrimiento, Abuso, Aceptación, Acompañamiento, Admiración, Afecto, Aflicción, Agobio, Agradecimiento, Agravio, Agresión, Alarma, Alborozo, Alegría, Alivio, Alteración, Amabilidad, Amargura, Ambivalencia, Amor, Angustia, Añoranza, Ansiedad, Apatía, Apego, Apoyo, Aprobación, Armonía, Arrepentimiento, Arrojo, Asco, Asombro, Atracción, Ausencia, Autonomía.

 Benevolencia, Bondad.

 Calma, Cariño, Celos, Censura, Cercanía, Cólera, Compasión, Competencia, Comprensión, Compromiso, Concentración, Condescendencia, Confianza, Confusión, Congoja, Consideración, Consuelo, Contento, Contrariedad, Correspondencia, Cuidado, Culpa, Curiosidad.

 Decepción, Dependencia, Depresión, Derrota, Desaliento, Desamor, Desamparo, Desánimo, Desasosiego, Desconcierto, Desconfianza, Desconsideración, Desconsuelo, Desdén, Desdicha, Desencanto, Deseo, Desesperación, Desgano, Desidia, Desilusión, Desmotivación, Desolación, Desorientación, Desprecio, Desprestigio, Desprotección, Destrucción, Desvalimiento, Desventura, Devaluación, Dicha, Dignidad, Disforia, Disgusto, Dolor, Dominación, Duda, Duelo.















miércoles, 18 de enero de 2017

ILUSION

A la imagen que es sugerida por nuestros sentidos y que carece de realidad se la denomina como ilusión, la famosa ilusión óptica.
Una ilusión óptica es cualquier ilusión que resulta de nuestro sentido de la vista y que nos lleva a percibir una realidad de diferentes formas.
Las mismas pueden ser fisiológicas y estar vinculadas por una estimulación excesiva en los ojos o en el cerebro.
El espejismo es una de las ilusiones ópticas más populares y que casi todos hemos experimentado alguna vez en nuestras vidas.
La misma consiste en que los objetos que están situados a lo lejos aparecen reflejados como en una superficie lisa y líquida que en realidad no es así. A medida que nos vamos acercando esa ilusión de agua desaparece. Esto es muy común de apreciar cuando vamos en la ruta.
El concepto de ilusión proviene del latín, idioma en el cual el verbo illudere significaba 'burlarse de'. Así, el concepto evolucionó hacia la idea de que la ilusión es una forma burlesca o alterada de lo que se observa o percibe verdaderamente. Las ilusiones pueden ser por ejemplo en relación a los sentidos: ilusiones ópticas, ilusiones auditivas, ilusiones gustativas, ilusiones olfativas o incluso táctiles. Todas ellas suponen que la persona recibe un tipo de información sensorial pero la procesa mentalmente de manera distinta a lo que realmente es por un primer impulso o sensación, por ejemplo cuando se escucha un pájaro y se genera la ilusión de que ese ruido fue producido por un ser humano.
Aunque muchas veces se las vincula, asocia o confunde, debemos aclarar que ilusión y alucinación no son lo mismo de ningúna manera, dado que en la ilusión el estímulo externo que la desencadena es percibido en efecto, o sea, es real, la interpretación que se efectúa del mismo está distorsionada o es incoherente.
La ilusión consiste en una distorsión que se genera en nuestra percepción y que muchas veces puede estar acompañada de un estado emotivo intenso de la persona que lo padece pero que no necesariamente implica una patología.
Mientras tanto, en lo que a la alucinación corresponde el estímulo no existe per se sino que puede ser el producto de un delirio de la persona que lo experimenta, ya sea como consecuencia de la ingesta de algún medicamento, droga o por el padecimiento de un trastorno psiquiátrico.
Muchas drogas, especialmente las alucinógenas, tales como la marihuana o el LSD, suelen desencadenar en quienes las consumen alucinaciones, es decir, creen que ver cosas que no existen en la realidad, imágenes, oyen voces, entre otras.
Otro de los usos más corrientes permite referir a aquella esperanza que se tiene pero que en la realidad carece de todo tipo de sustento, es decir, aquello que se espera es prácticamente imposible que suceda.
Es una sensación que una persona puede tener respecto que algo no es como verdaderamente es. En este sentido, el término se relaciona con la percepción que los sentidos tienen de los diferentes elementos que recorren la realidad. Sin embargo, la idea de ilusión no es meramente una cuestión física de los sentidos sino que también tiene que ver con el espacio mental en el cual la realidad se puede ver distorsionada a partir de estructuras psicológicas también alteradas como por ejemplo visiones o creaciones de realidades alternadas.
Las ilusiones también pueden ser, dejando el espacio de la realidad alterada, esperanzas o deseos que una persona puede tener respecto de algo, en cuyo caso el término cobra un sentido más positivo y no tanto de confusión.
En este sentido prevalece la esperanza y una predisposición alegre que hace que la persona espere de manera feliz y esperanzadora que algo suceda por fin.
Generalmente se trata de cosas que se desean o se vienen esperando desde hace mucho tiempo.
La ilusión, así, es por ejemplo desear que algo suceda, que algo cambie, etc. En este sentido, la ilusión es algo que todavía no sucedió pero la persona, ya sea por superstición o por conocimiento previo, puede considerar posible de realizarse, por ejemplo cuando se dice que alguien tiene la ilusión de que su equipo salga campeón.

IMPACIENCIA

Aprender a esperar no siempre resulta fácil, sin embargo, es más que necesario recordar que los tiempos que marca la realidad no siempre se ajustan a las expectativas personales.
La impaciencia define la actitud de aquellas personas que tienen una baja tolerancia hacia la frustración,desean tener el control de todas las situaciones y quieren ir un paso por delante de la realidad misma. Desde este punto de vista, la impaciencia produce estrés y ansiedad en aquel que a través de su actitud no camina de un modo relajado sino acelerado.
Una persona puede ser impaciente en distintos ámbitos de su vida. Por ejemplo, en el plano laboral la impaciencia se muestra en el deseo de aquel que quiere alcanzar el éxito profesional de un modo automático o se frustra cuando no observa resultados visibles a corto plazo ante sus iniciativas.
Desde el punto de vista sentimental, es posible ser impaciente cuando aquel que está enamorado avanza en su historia a una velocidad de vértigo. La paciencia tiene un límite y esto es muy saludable ya que también nos ayuda a protegernos de aquellas situaciones en las que otra persona pueda vulnerar nuestros derechos.
La impaciencia conduce al exceso de perfeccionismo de no valorar los logros personales tal y como son al desear siempre más. Desde el punto de vista de la edad, los niños tienden a ser muy impacientes como muestra el hecho de que cuando quieren un capricho, lo quieren al momento.
La adolescencia también es una etapa marcada por una rebeldía casi innata. Con el proceso de la madurez, y el aprendizaje propio de la edad adulta, las personas también aprenden a tener una mejor gestión emocional.
¿Qué nos hace darnos cuenta de que la impaciencia no conduce a ningún fin positivo? Que el tiempo pasa de un modo inevitable, la vida no es eterna y es muy importante aprovecharla a través de vivencias positivas. La impaciencia nos lleva a no disfrutar del camino hacia una meta al poner únicamente la atención en el resultado de una acción, sin embargo, la paciencia conduce a la maravillosa experiencia de disfrutar del camino recorrido como un tesoro vital. La felicidad no solo está en la mente sino también, en el proceso.
El verdadero éxito queda reservado para aquellos que desde el punto de vista emocional, dan más oportunidades, no se dejan arrastrar por la impaciencia. Es decir, son pacientes en el amor, en la amistad, en el trabajo...

IMPERTURBABILIDAD

Existen distintas características del carácter que definen el modo de ser de una persona. El modo de ser de una persona no se describe, únicamente, por un rasgo en concreto sino por la suma de varias cualidades. Un rasgo habitual de aquellas personas que tienen una gran fortaleza emocional es que son imperturbables, es decir, pueden permanecer inalterables a nivel anímico ante un estímulo externo.
Una persona imperturbable es aquella que tiene un gran control sobre su estado de ánimo y sus sentimientos potenciando el valor de la fortaleza como muestra el estoicismo. Desde el punto de vista de las relaciones personales, aquellas personas que tienen un modo de ser de estas características pueden mostrarse distantes en ciertos momentos al parecer frías.
Sin embargo, no se trata de que las personas que son imperturbables no sientan como las demás sino que sus manifestaciones externas ante un dolor determinado o una emoción intensa, es distinta.
Desde un punto de vista positivo, una persona imperturbable es aquella que tiene una gran inteligencia emocional para resistir una situación de tensión manteniendo la tranquilidad de ánimo. Por ejemplo, tienen una claridad mental importante para tomar decisiones al trabajar bajo presión ya que no se dejan desbordar por la emoción.
Una persona imperturbable es aquella que no pierde la tranquilidad en situaciones en las que otras sí pierden dicha serenidad. Una de las virtudes de una persona que se muestra imperturbable es la paciencia y la capacidad de observación.
En ocasiones, las personas que permanecen inalterables ante ciertas situaciones pueden aparentar cierta indiferencia. Sin embargo, que a nivel externo no muestren signos de intranquilidad no debe confundirse con que a nivel interno, no exista una respuesta del sujeto por parte de ese estímulo externo.
Cada ser humano es único e irrepetible. Existen distintas formas de reaccionar ante una misma situación externa. Existen personas que ante una situación determinada sienten una gran inquietud interior mientras que otras logran mantener la serenidad la tranquilidad anímica. Desde este punto de vista, no es posible establecer conclusiones generales y universales sobre el comportamiento humano ya que cada ser humano es diferente. Pero además, aquello que una persona muestra a nivel externo no siempre es reflejo de su modo de sentir interno.

martes, 17 de enero de 2017

IMPOTENCIA

Impotencia es la emoción que nos produce aquellas situaciones en las que queremos conseguir algo y vemos que no lo alcanzamos.
La sensación de Impotencia iría de la mano de la sensación de poder; el poder  que nos otorgamos para ir a por aquello que nos parece interesante.
En la vida diaria madres, padres y profesores sentimos impotencia en algunas  ocasiones, cuando trabajamos por una  superación personal. Todas las personas deseamos ver nuestros deseos cumplidos.
Si vivimos con esa sensación de impotencia, nuestra vida será más frustrante. En el día a día quién no se ha planteado cómo mejorar la comunicación con su hijo o su alumno o su jefe. Quién no ha querido, o se lo ha planteado, algo que al  final del día evalúa como imposible de llevar a término. Si vivimos agarrados a ese esfuerzo constante, derrochamos energía en algo, que a lo mejor la naturaleza nos presenta como inalcanzable. Por ejemplo, todos los padres y madres deseamos tener conversaciones enriquecedoras (donde reine la complicidad) con nuestros hijos adolescentes. Pero empeñados en ello, nos dará como resultado dosis enormes de impotencia. La naturaleza misma de la adolescencia, nos dice que será un tramo de la vida donde la comunicación se reducirá drásticamente y la complicidad no será contigo (mamá o papá) sino con personas casi siempre de la misma edad y sexo.
Qué claves podemos tener para disminuir esa sensación de impotencia. A continuación te presento una  claves con las que pretendo acompañar tu emoción y dotarte de herramientas para gestionar mejor tu impotencia.
En primer lugar te invito hacer un análisis real de tu impotencia. Responderte a las preguntas Qué quiero conseguir; Que estoy haciendo para conseguirlo; Cómo me siento cuando no lo consigo; Cuándo he intentado alguna de mis opciones y qué resultados he tenido. Estas preguntas pueden ayudarte a definir mejor tu impotencia. Tomando conciencia de la emoción, te permite abrir tu mente para ver nuevas posibilidades.
 La impotencia deriva de una sensación de no poder. Cambia el foco de visión hacia las cosas que sí puedes. Sobre las cosas que te hacen sentir poder. Sacando tus fortalezas a la luz, contribuirás a disminuir esa sensación de impotencia.
Pregúntate ¿qué tiene de bueno esta emoción de impotencia? ¿Qué obtienes?. Aunque sea una emoción desagradable, puedes tener una gran transformación personal. El sentir impotencia se puede convertir en un gran reto a superar. Puede hacer de revulsivo para aportarte un gran crecimiento personal.
Utiliza otros recursos. Explorar en tu pasado y recuperar recursos personales que te hayan servido en otros momentos, te dará valor y pueden poner fin a tu sensación de impotencia.

lunes, 16 de enero de 2017

INCAPACIDAD

La palabra incapacidad se utiliza para hacer referencia a la condición de inferioridad de capacidades o habilidades que una persona puede presentar en su vida (desde su nacimiento, a partir de un evento específico o en un momento particular que luego puede subsanarse). La incapacidad es, en otras palabras, no contar con aquellas capacidades o habilidades que se consideran dentro de los parámetros normales para un ser humano. Si bien hay miles de diferentes tipos de incapacidades, podemos señalar dos principales que son las más fáciles de observar o distinguir: las incapacidades físicas y las mentales. En algunos casos también se puede hablar de incapacidad emocional pero tal diagnóstico requiere un mayor conocimiento del carácter de una persona.
La noción de incapacidad surge como oposición, obviamente, a la de capacidad. Cuando hablamos de una incapacidad estamos haciendo referencia a una condición en la cual una capacidad estimada como normal o regular en un individuo, no está presente por diferentes razones. Un caso de incapacidad puede ser la no posibilidad de caminar ya que se considera que una persona luego de pasados los doce meses aproximadamente debe poder valerse por sí misma para movilizarse. Otra incapacidad que se estipula a partir de lo que se considera normal es por ejemplo algún tipo de retraso mental, por ejemplo mantener un intelecto típico de un infante cuando la persona se halla ya en su adultez.
El surgimiento de una incapacidad en la persona puede tener diferentes causas o explicaciones. En algunos casos, las incapacidades físicas pueden ser hereditarias y nacer ya la persona con ellas. En muchos otros, las incapacidades relacionadas con el físico pueden aparecer luego de sufrirse un evento traumático como un accidente automovilístico, etc. Por lo general, las discapacidades o incapacidades mentales suelen estar presentes en la persona desde su nacimiento o hacerse presentes en los primeros años de vida.
La noción de incapacidad siempre supone una estimación negativa sobre la situación de la persona debido a que cualquier tipo de incapacidad supone sufrimiento, dolor, incomodidad, falta de calidad de vida. Sin embargo, y dependiendo del tipo de incapacidad de la que se hable, la medicina y la psicología permiten establecer patrones de cura y tratamientos que contribuyen para que el individuo pueda vivir lo mejor posible.


INCOMPATIBILIDAD


Se llama incompatibilidad a la incapacidad que observa alguien, ya sea para unirse o para existir conjuntamente con otro.
Este sentido del término comprende lo que se conoce como incompatibilidad de caracteres. Cabe destacar, que la mencionada incompatibilidad de caracteres resulta ser una de las causas más frecuentes que se aducen o argumentan a la hora de la presentación de la demanda de un divorcio, es decir, los cónyuges que solicitan el divorcio amparados en esta causa, normalmente, justifican su decisión a partir de la presentación de hechos concretos, pruebas, que evidencian la infelicidad y la perturbación social que su unión les reporta a cada uno de ellos.
Por otra parte, la palabra incompatibilidad se emplea para dar cuenta de la dificultad legal que existe para que una persona ejerza dos cargos al mismo tiempo. Por ejemplo, el hecho de desempeñarse como funcionario público implicará una incompatibilidad para desplegar alguna otra actividad en el ámbito privado. En caso de desconocer tal situación, el funcionario en cuestión estaría incurriendo en una falta gravísima que debe ser sancionada.
Por su lado, en medicina, la incompatibilidad Rh es un tipo de enfermedad hemolítica que padece el recién nacido y que se desencadena cuando la madre tiene sangre Rh negativa y el bebé en gestación presenta, por el contrario, sangre Rh positiva. Cuando los glóbulos rojos del bebé se encuentran con el torrente sanguíneo de la madre en la placenta, el sistema inmunológico de ésta reconoce a las células fetales como una sustancia extraña y entonces, generará anticuerpos contra las mismas, destruyendo a su paso los glóbulos rojos del alrededor.

INCOMPRENSION

La incomprensión es un sentimiento que te hace sentir mal contigo mismo y a veces, también con los demás. Es una barrera que separa la individualidad de la alteridad, es decir, interfiere en la comunicación como un muro. Sin embargo, lo importante es que la incomprensión se puede superar con mucha paciencia, cariño y amor. ¿Qué hacer para afrontar este malestar emocional con ilusión? Sin duda, lo más esencial es valorar la situación y asumir los propios errores.
Es decir, a veces, nos sentimos incomprendidos porque nosotros somos los primeros que ponemos una y mil barreras a los demás por cuestión de orgullo, soberbia o vanidad. A veces, incluso también por pereza y es que está claro que abrir el corazón implica un esfuerzo al que no están dispuestas a asumir todas las personas.
Por otra parte, aunque de normal nos damos cuenta de cuándo nos sentimos incomprendidos, para aprender a avanzar en el ámbito de la empatía conviene dar el salto a la hora de analizar cuando somos nosotros los que no hacemos todo lo que podemos para entender de verdad al otro. Por ejemplo, es habitual que en vez de escuchar con asertividad, se hagan juicios de valor sobre las vivencias ajenas. Un error que se debe evitar y que puedes corregir.
La incomprensión también tiene que ver con uno mismo y su individualidad. Por ejemplo, a veces, puede que dudes de cuáles son tus sentimientos y no tengas claro qué es lo que pasa por tu mente. Así sucede en el inicio del amor que conviene dar tiempo hasta poner en claro qué es lo que se desea de verdad.
Si te sientes incomprendido, intenta pensar en positivo, seguro que tienes a alguien cerca de ti que te quiere de verdad y que se preocupa por tu dolor.

INCONFORMIDAD


Inconformidad es lo que ocurre cuando estás al borde del cambio. Desafortunadamente, es fácil confundirlo por infelicidad. A veces es necesario un poco de inconformidad para lograr un nuevo entendimiento, para olvidar viejas creencias y motivarnos a caminar hacia un cambio real. La inconformidad es una señal muy útil. Aquí hay algunas señales que podrían estar indicando que te encuentras en el camino correcto:
 Podrás darte cuenta de que los problemas con los que luchaste cuando eras niño, están reapareciendo en tu vida adulta. Aunque pudiera parecer que no necesitas superarlos, lo que realmente significa es que estás tomando conciencia de por qué sientes y piensas, así que puedes cambiarlo.
Sentirse perdido es en realidad una señal de que estás tomando conciencia de tu vida – sin pensar en las ideas que tenías premeditadas y estás viviendo el momento. Hasta que te acostumbres a esta situación, te sentirás como si te encontraras sin dirección.
Cuando haces uso del hemisferio derecho con más frecuencia (te estás haciendo más intuitivo, estás lidiando con cientos de emociones, te encuentras creando) a veces puedes sentir que las funciones del “cerebro izquierdo” te confunden un poco. Cosas como la concentración, la organización y recordar pequeños detalles se convierten en algo repentinamente difícil.
Cuando las emociones explotan usualmente es porque están pidiendo ser reconocidas y nuestro trabajo es aprender a reprimirlas o resistirse a ellas. Te estás haciendo plenamente conscientes de ellos. Al final, nosotros somos los responsables de controlar nuestras emociones, no de la manera contraria.
Te sientes con necesidad de dormir mucho más o mucho menos, te despiertas a la mitad de la noche porque no puedes dejar de pensar en algo, te encuentras lleno de energía o completamente agotado.
Mudanzas repentinas, divorcios, perdidas de un trabajo o tu coche dejó de funcionar correctamente. Son señales de que continúas avanzando, cualquier cambio es señal de que se acercan eventos mejores.
De pronto te sientes poco emocionado ante la idea de pasar cada fin de semana socializando y los problemas de las otras personas te consumen mucho más de lo que te interesan. Esto significa que estás recalibrando tus energías.
Si los sueños son la forma que tiene el subconsciente de comunicarse contigo entonces tus sueños definitivamente están tratando de decirte algo. Estás teniendo sueños en una intensidad que nunca habías experimentado antes.
Te sientes cada vez más incómodo alrededor de personas negativas. El problema con las personas negativas es que muy rara vez se dan cuenta de que son negativas y como el mencionarles algo sobre su negatividad te pondría incómodo y te sientes aún más incómodo teniéndolos en tu vida, estás alejándote un poco de viejos amigos.
Lo que no sabes es que en realidad todo se está acomodando para que sea una realidad mejor de la que habías pensado, una que esté más alineada con tu personalizad, no con la persona que creías queserías.
Te estás dando cuenta de que tus pensamientos influyen mucho en tu experiencia y es común que tomemos control de ellos hasta que las situaciones nos empujan al final de nuestro ingenio. Una vez que tomas control de tus pensamientos es cuando te das cuenta de que tenías el control todo este tiempo.
Tus ilusiones pasadas de la persona que “deberías ser” se están disolviendo. Te sientes inseguro porque eso es incierto. Te encuentras en un proceso de evolución y cuando tus pensamientos o estados de ánimo empeoran, no te da inseguridad (porque solamente te enojas y se terminó). En otras palabras: si estás experimentando esta inseguridad e incertidumbre es porque terminará en algo mejor.
Cuando te das cuenta de esto, es porque puedes distinguir a donde te estás dirigiendo, esto significa que al fin sabes en donde estarás y quién seras.
Como saber que una relación no va a durar o que no querrás estar en ese trabajo por mucho tiempo más. Mucha ansiedad “irracional” es provocada por tu subconsciente, el cual detecta algo pero decides no aceptarlo porque se trata de algo sin lógica.
Enojarte por lo mucho que has dejado que los demás se aprovechen de ti, o lo mucho que has dejado que los demás cambien tus pensamientos es un signo de que finalmente estás listo para dejar de escuchar a los demás y amarte y respetarte antes que nada.
Este tipo de autonomía emocional es aterrorizante porque significa que si te equivocas, dependió de ti. Al mismo tiempo, darse cuenta de esto es la única manera de sentirse libre completamente

jueves, 12 de enero de 2017

INCONGRUENCIA

Se produce una incongruencia cuando se presenta algo contradictorio en algún sentido. La incongruencia se puede referir al lenguaje, a los hechos o a las cosas. En nuestro idioma utilizamos términos sinónimos, como incoherencia, inconsecuencia o absurdo. Por lo tanto, lógica y congruencia serían palabras antónimas.
Cuando hablamos debemos cumplir con algunas reglas lógicas básicas. Si nuestras palabras no respetan los principios lógicos se produce una incongruencia. En este sentido, el principio de no contradicción es un criterio de congruencia, pues no podemos decir que algo es una cosa y al mismo tiempo no lo es (Juan es alto pero bajo no cumple dicho principio). El principio de identidad es otro criterio fundamental, ya que una cosa es necesariamente igual a sí misma. Estos dos principios son claros ejemplos de leyes del pensamiento que afectan al lenguaje. El hecho de no respetarlos implica una evidente incongruencia.
Algunas figuras retóricas tienen una cierta incongruencia, pero no se trata de una contradicción estricta sino que es un juego del lenguaje. Por ejemplo, la paradoja que expresamos al hablar de una música silenciosa, el célebre verso de Santa Teresa "Vivo sin vivir en mí" o la descripción de alguien como un pobre rico. El teatro del absurdo y el arte surrealista tienen igualmente un claro sentido ilógico e incongruente pero esto no significa que carezcan de sentido.
En ocasiones afirmamos cosas que contradicen nuestras acciones. Si digo que soy una persona generosa pero no ayudo a los demás, estoy diciendo una incongruencia, pues lo que digo y lo que hago no coinciden.
La incongruencia no es necesariamente una mentira, ya que alguien puede creer honestamente que dice la verdad aunque sus palabras no sean ciertas. La no correspondencia entre las palabras que decimos y nuestra conducta es la expresión de una contradicción interna.
Si alguien quiere lograr un objetivo pero no actúa en consecuencia nos encontramos con otra contradicción. Así, si digo que quiero mejorar mi inglés pero no estudio más estoy siendo incongruente.
El mundo de los sueños no cumple con las reglas del sentido común. Cuando soñamos tenemos vivencias que pueden ser absolutamente incongruentes. Puedo soñar que estoy volando por encima del Sol o que un dragón sale de mi boca. En el mundo onírico la idea de incongruencia tiene un sentido muy diferente al mundo real.
Algunos fenómenos paranormales tienen una dimensión incongruente, ya que no se ajustan al sentido común y van más allá de la lógica y la racionalidad.

INCREDULIDAD

Rechazo u oposición de una persona a creer algo:
Imposibilidad o reserva que tiene una persona para creer algo que no ve o que no está demostrado, aunque esté aceptado o consensuado por la mayoría.

INDIFERENTE


La palabra indiferente es el término de uso más extendido para dar cuenta de aquel individuo que se caracteriza por no demostrar gusto o inclinación por nada, o en su defecto a aquel que sobresale por no demostrar cariño o interés respecto de otra persona o de algo específico.
Cabe destacarse que esa falta de interés que alguien demuestra puede ser una característica arraigada y recurrente en la personalidad de alguien o puede estar motivada por alguna situación especial que la desencadena y no manifestarse, por tanto, en todo momento.
Por ejemplo, cuando un individuo vive una mala experiencia con otro, la cual culmina en un serio enfrentamiento entre ambos, es frecuente que tras este suceso, si surge un encuentro, los dos o alguno de ellos se muestre indiferente para con el otro.
También es frecuente usar la palabra para expresar cuando no interesa que algo sea o se realice de una manera u otra.
El estado de ánimo que permanece en la persona indiferente se conoce popularmente como indiferencia y se destacará porque quien se halla en el no siente ni interés ni repulsión por algo o alguien, o sea, no demostrará un estado positivo como es el de la emoción, ni tampoco un estado considerado como negativo, tal es el caso de la repulsión.
En psicología, cuando un individuo demuestra permanentemente un estado de ánimo con las características mencionadas se hablará ya de un problema de relacionamiento social, denominado como apatía. En esta situación, la persona no demuestra ningún tipo de respuesta frente a estímulos emocionales, sociales, o físicos, y se la considera como el nivel más simple que presenta la depresión.
Entre la variedad de sinónimos que presenta este término, el de desinteresado, sin dudas, se erige como el más empleado. Mientras tanto, la palabra que directamente se opone a este término es la de emocionado, que por el contrario a indiferente refiere a aquella persona que resulta fácil de conmover y que cada vez que se siente conmovido lo expresa con facilidad.


INDIGNACION

La indignación es un enorme enojo, enfado que provoca algo o alguien con su comportamiento.
Como indicábamos líneas arriba, pueden ser dos cuestiones las que desarrollen la indignación de alguien, una cuestión x, como ser una situación que produce un estado de cosas con el cual no se está para nada de acuerdo, un acontecimiento inesperado y desagradable, que como tal sorprende y paraliza en el actuar y entonces desemboca en el fuerte enojo de quien lo padece ante la imposibilidad de reaccionar en consecuencia.
Y por otra parte, la actitud, la acción de un individuo puede desencadenar nuestra indignación. Cuando alguien se comporta fuera de los parámetros sociales esperados, o en su defecto, cuando no toma en cuenta cierto contexto y de todos modos protagoniza un comportamiento errante, suele despertar la indignación de inmediato.
En tanto, a aquella persona que se encuentra padeciendo este gran enfado se la denomina como indignado.
 Normalmente, la indignación que alguien siente puede ser el producto de una situación dentro de su entorno o generada por alguien de su alrededor, aunque, también es común que la indignación aparezca a partir de situaciones externas a nosotros, es decir, que no se dan en nuestro entorno cercano, pero por sus condiciones y las enormes consecuencias que implican, provocan indignación.
La indignación, además de con palabras y gritos, la gente la suele manifestar también a través de gestos, como por ejemplo fruncir el ceño, con algún ademán con la mano, entre otros, y en casos extremos a partir de actos violentos, rompiendo todo lo que se le presenta delante o golpeando a la persona que le causa el correspondiente enojo.
También, físicamente, la indignación tiene repercusión en nuestro cuerpo, con la aparición de diversos síntomas corporales, tales como el aumento del ritmo cardíaco, de la presión sanguínea y de los niveles de adrenalina.
Como se puede deducir fácilmente de lo que venimos exponiendo la indignación no es un estado para nada positivo, aún más, quien lo siente, lo padece psíquica y físicamente y ello obviamente le traerá aparejado situaciones y sensaciones desagradables.
La indignación es un estado súper negativo, que muchas veces es imposible de manejar o de evitar, porque la vida normalmente nos depara situaciones que no son agradables, sino por el contrario, pero en nosotros está la herramienta de poder manejar esa ira que nos desencadenan para que no nos hagan tan mal al cuerpo y a la mente que son los que más la sufren.
Hay personas que viven indignándose por todo, en este caso ya podemos hablar de una inclinación natural a enojarse por todo, muchas veces hasta sin razón, sino que se lo hace por costumbre.
En estos casos, lo recomendable es tratar de buscar ayuda para resolver esta situación, ya sea trabajando el problema con un profesional de la psicología, o con alguna técnica específica como puede ser la meditación, que ayuda a reducir el estrés y también a equilibrar las emociones, ya sean buenas o malas.
También son muy relevantes los afectos que tengamos alrededor y que nos asistan y contengan cuando surjan esos ataques de enfado supremo.
Y en el caso de aquellos que no disponen de esta inclinación pero no pueden en algunas situaciones indignarse, lo recomendable es también saber manejar situaciones que se sabe de antemano desencadenan este estado.
Una manera sería no someterse a determinados eventos que se sabe nos harán enojar grandemente.
La vida tiene sinsabores, pero la clave está en saber manejarlos y superarlos y no que ellos nos termine ganando o superando.

miércoles, 11 de enero de 2017

INESTABILIDAD

Uno de los puntos más importantes de la felicidad es la estabilidad de ánimo. Sin embargo, hasta llegar a dicha estabilidad las personas también pueden sufrir periodos de modificación del carácter y cambios bruscos de humor, en definitiva, inestabilidad. Una sensación que hace que la persona condicione su propio bienestar a partir de las circunstancias externas.
Aquel que ha alcanzado la estabilidad de ánimo sabe que siempre existirán motivos de preocupación pero también sabe que existen motivos de gratitud. De lo que se trata es de elegir aquello que te haga bien a ti. La inestabilidad de ánimo produce un gran desgaste interior porque es como vivir en la noria de la emoción en la que todo es efímero y pasajero. Las alegrías son muy relativas ante la fuerza de la tristeza y el pesar.
Esta inestabilidad del carácter trae consigo consecuencias negativas: dificultades en las relaciones personales ya que los demás no suelen entender los imprevisibles cambios de carácter de aquel que reacciona de forma inesperada en determinado momento, falta de tolerancia a la frustración por parte de aquel que se hunde ante la primera debilidad, un desgaste de energía que produce un gran agotamiento emocional y físico.
Resulta agotador estar adaptándote continuamente a un nuevo ánimo. La persona vive en una especie de montaña rusa en la que atraviesa etapas de distinto ritmo: tristeza, alegría, euforia desmedida o desánimo extremo. Estos cambios de humor también influyen en la percepción de la realidad que tiene la persona.
En muchas ocasiones, estos cambios bruscos de humor pueden ser un síntoma que muestra el malestar interior que experimenta esa persona que no se siente bien consigo misma. Por ejemplo, una persona que sufre un duelo por un desamor puede experimentar esta inestabilidad.
La inestabilidad también puede ser una consecuencia del carácter enamoradizo de aquella persona que deposita de forma frecuente sus expectativas en una tercera persona y finalmente se hunde cuando se da cuenta de que esa persona no encaja en el nivel de perfección de la idealización inicial. Cualquier tipo de dependencia produce inestabilidad porque nos aleja de nuestro propio centro vital. La felicidad depende de ti mismo.
Por ejemplo, cuando un matrimonio sufre una crisis grave y está al borde de la ruptura. Una persona con un largo currículum sentimental que enlaza una ruptura tras otra también puede considerarse inestable a nivel afectivo para comprometerse en una relación seria.
Tal vez en tu entorno más cercano has conocido a una persona que un día es muy comunicativa, y al día siguiente se muestra antipática (imagina que este tipo de giros se producen con una periodicidad notable). Esta inestabilidad del carácter afecta, en primer lugar, a quien lo sufre que tiende a fijarse más en los defectos de los demás que a analizar su propio modo de ser y las consecuencias que este carácter puede traer a su vida. La inestabilidad también puede remitir a los cambios de humor.
Desde el punto de vista psicológico, el concepto inestable remite al carácter de aquella persona que tiene constantes cambios de humor y variaciones en su modo de ser. Estos cambios de carácter resultan difíciles de comprender a nivel externo ya que una persona con estos cambios de humor desconcierta a los demás. Conviene puntualizar que en algunos casos, detrás de estos cambios de ánimo puede existir una causa concreta. Por ejemplo, una persona que está sufriendo una amargura interior como consecuencia de una decepción puede sentirse especialmente vulnerable por su inestabilidad.
Los cambios bruscos de humor también pueden mostrar una posible depresión o un caso de ansiedad. En aquellos casos en los que la inestabilidad tiene una causa emocional concreta es muy importante que el profesional pueda hacer un diagnóstico para ofrecer también consejos prácticos de autocuidado.

INFELICIDAD

La infelicidad es el estado opuesto al de la felicidad. En principio y como tal no es ninguna enfermedad, pero muchas veces es la manifestación de un problema de salud que la condiciona.
Una reciente encuesta en nuestro país ha determinado que el 60% de los españoles declara ser feliz; el 18% se sienten muy felices; el 15% se encuentran a medio camino, es decir, ni satisfechos ni desgraciados; y sólo el 6% de los encuestados reconoce abiertamente ser infeliz. En definitiva, 3 de cada 4 españoles, generalmente casados o con pareja y con estudios universitarios, declara sentirse feliz. Pero este panorama no es tan optimista en otros muchos países de nuestro entorno.
En nuestra sociedad actual la infelicidad, ese concepto abstracto de insatisfacción, de falta de placer, de pérdida del optimismo vital, es muy frecuente. Vivimos en una sociedad materialista, colmada de abundancia y bienestar, llena de comodidades pero, a menudo, somos infelices y no sabemos muy bien por qué. Nos falta algo para ser plenamente felices y casi siempre lo buscamos en los aspectos materiales cuando esa búsqueda habría que realizarla en nosotros mismos.
La infelicidad se puede definir como un sentimiento de insatisfacción personal provocado por mil posibles circunstancias distintas. Puede ser pasajera o, lo que es más grave, persistente y duradera. La felicidad, por el contrario, se ha definido poéticamente como tener suerte y nada más. Suerte de tener salud, de amar y ser amado, de no sufrir privaciones. Sería un estado de serenidad interior, de encontrar sentido a la vida.
Se hace necesario parar un momento, pensar, reflexionar y mirar al propio interior para conocerse bien, ser sincero con uno mismo y asumir sus propias limitaciones. A menudo nos encontramos con la siguiente paradoja: muchas personas que lo tienen todo, en el sentido material, no son felices. El dinero no da la felicidad, decimos. Otras personas que son pobres, dicen ser felices. ¿Qué está pasando entonces?
Muchas personas dicen ser infelices porque llevan una vida que catalogan de miserable: las mismas rutinas, los problemas en el trabajo, las desavenencias familiares, la pobreza, la falta de un proyecto de futuro. Tienen una visión negativa o pesimista de la vida. Pero no se paran a pensar que la vida está llena de sorpresas, de momentos agradables, de pequeños placeres, de emociones, de sentimientos, de alegría. Cada día que amanece es un regalo. Es la visión positiva de la vida. Lo más habitual, sin embargo, es que a lo largo de nuestra vida pasemos por momentos felices y por otros de infelicidad.
Aunque los momentos felices e infelices son algo muy personal y variable, la gente de la calle considera el día de su boda, el nacimiento de sus hijos, la primera novia o el primer novio, la obtención de un buen trabajo, los estudios, un premio, etc. los momentos más felices de su rutinaria vida. Por el contrario, la muerte de un ser querido, la ruptura familiar, la pérdida de un trabajo, un suspenso en los estudios, un desengaño amoroso, un accidente, una enfermedad grave, etc. son considerados como situaciones de infelicidad, de dolor, de amargura. Una encuesta reciente señalaba que los factores que los españoles consideran importantes para lograr la felicidad son: tener buena salud, contar con una familia, disfrutar de seguridad material, estar en paz con uno mismo, mantener buenas relaciones personales y sentirse libre.
Muchas veces ese sentimiento de felicidad o infelicidad depende de nuestros valores, de nuestra formación, de nuestro carácter y personalidad, de nuestras circunstancias concretas, vividas en un momento dado.
Vivimos en una sociedad cortoplacista, es decir, lo queremos todo ya, a corto plazo. La recompensa de las cosas no puede esperar; queremos disfrutar de la vida intensamente, diariamente, pero a menudo no estamos dispuestos a sacrificarnos por nada, a resignarnos, a invertir nuestro esfuerzo para conseguir los frutos en un futuro, a veces lejano. Somos egoístas, escasamente solidarios, intransigentes, no soportamos la frustración, ni el dolor físico ni espiritual, vivimos en una sociedad estresadora, consumista, exenta de los grandes valores que sustentan al hombre y, muchas veces, esto es lo que conduce a la infelicidad de las personas.
Ser feliz es un requerimiento casi obligatorio hoy en día y la vida se vive con un ansia de bienestar permanente. Medimos nuestra felicidad en comparación con la de los demás y consideramos que no debe irnos tan mal cuando vemos las desgracias de los demás.
Parece claro que la enfermedad puede ocasionar infelicidad en muchas personas, especialmente en aquellas que padecen enfermedades crónicas e incapacitantes: problemas de salud como la hipertensión arterial, la diabetes mellitus, el cáncer, las enfermedades reumáticas, la depresión y otras muchas afectan a la calidad de vida de las personas privándolas de muchas cosas agradables de la vida y haciéndolas infelices.
Desde el punto de vista médico, la infelicidad es una manifestación frecuente de la depresión, hasta el punto que algunos autores se han llegado a plantear si la depresión es una enfermedad o un estado de infelicidad normal, es decir, aquel estado persistente y persuasivo de sentir y pensar. Muchos enfermos deprimidos se sienten desgraciados, no encuentran sentido a su vida y pasan por una experiencia vital muy desalentadora que deja una profunda huella personal. Algunos enfermos no soportan esta situación y acaban quitándose la vida.
Afortunadamente, son relativamente pocas las personas que pasan por este trance tan drástico y muchos de los enfermos deprimidos acaban buscando apoyo psicológico en los profesionales sanitarios (médicos de familia, psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales, etc.) que, con el tratamiento y seguimiento apropiados, conseguirán la mejoría clínica de la mayoría de estos pacientes. Al final del túnel de la desesperanza, estas personas volverán a ver la luz que iluminará sus vidas futuras.

INFERIORIDAD

A nivel psicológico, una persona puede sufrir complejo de inferioridad, es decir, experimentar inseguridades personales al posicionarse en el rol de inferioridad respecto de los demás. Una persona que sufre complejo de inferioridad idealiza las virtudes del otro y minimiza los defectos ajenos mientras que tiene una visión distorsionada de sí mismo.
Una persona que sufre complejo de inferioridad tiende a minimizar las propias potencialidades, resta valor a los éxitos alcanzados y en cambio, eleva la marca personal de los fracasos como una experiencia traumática. Una persona que sufre complejo de inferioridad se condiciona con creencias negativas del tipo "no puedo", "no soy capaz", "no sirvo para esto"...
Una persona con complejo de inferioridad se comporta como si estuviera afectada por una especie de mala suerte mientras los demás están bañados por la buena fortuna. Una persona que sufre complejo de inferioridad se cierra puertas en el ámbito profesional y también, en el plano personal ya que con su propio pesimismo potencia su autoboicot.
El complejo de inferioridad está vinculado con otras carencias como por ejemplo, una baja autoestima. Una persona insegura se condiciona a sí misma a través de su propio pensamiento que muestra una percepción de la realidad que es totalmente distorsionada.
Una persona insegura se centra demasiado en sus propias inseguridades y esto es causa de que los miedos se potencien todavía más. Una persona con complejo de inferioridad puede sentirse poco valiosa en la seducción, por ejemplo, puede considerar que tiene poco que aportar a los demás.
¿Cómo puede una persona insegura ganar confianza en sí misma?
1. En primer lugar, es esencial que tomes como punto de partida de tu proceso de superación personal tu propia historia: es decir, aspira a crecer y a evolucionar a partir de ti mismo sin compararte con nadie más.
2. Además, no te quedes paralizado a pesar del miedo. Recuerda que los miedos están en tu mente y no en la realidad.
3. Márcate tres objetivos a corto plazo que quieres cumplir. Este objetivo debe de ser realista, concreto, temporal y medible.
4. No idealices a nadie porque todo ser humano tiene defectos e imperfecciones. De hecho, la esencia de la perfección humana reside en dicha imperfección.
5. Afronta los retos como una oportunidad de aprendizaje, una posibilidad de superación personal y de fuerza.

INJUSTICIA

Se define a la injusticia como la falta de justicia, de bien común y de equilibrio dentro de diversos grupos sociales que pueden ir desde la comunidad toda hasta el sujeto individual. Como tal, la injusticia implica principalmente el no respeto por los derechos tanto de los individuos como de la sociedad en su conjunto, y este no respeto o esta falta de derechos puede hacerse visible de innumerables formas: algunas más pequeñas y casi invisibles, otras más notorias y flagrantes. Si entendemos que la justicia es la búsqueda del bien común y del bienestar conjunto, la injusticia será entonces el beneficio de algunos en pos del perjuicio a otros.
La injusticia puede estar presente en cualquier tipo de formación social, habiendo algunos científicos logrado observarla en comunidades animales. En el caso del hombre, la injusticia surge a partir de la corrupción de los valores de verdad, respeto, solidaridad, amor por el prójimo y ética. Cuando alguno de estos valores no se toma en cuenta y es dejado de lado en los comportamientos de todos los días, los actos de injusticia se hacen claramente presentes.
Al pensar en injusticia o en la falta de justicia, inmediatamente tendemos a asociarla con situaciones de resolución judicial o legal. En ellas, la injusticia se evidencia al no condenar apropiadamente a un criminal, al no actuar de acuerdo a lo que establece la ley, aplicar la ley de manera negligente, que claro es lo mismo a no hacer justicia, o algo que también es muy habitual y que promueve la injusticia en este sentido es el fallo en el ordenamiento jurídico o lo que popularmente se conoce como vacío legal.
El vacío legal se produce cuando no existe una reglamentación en un tema concreto, entonces, al no existir una regulación específica sobre una situación, la misma, quedará librada a su suerte, y en caso de acontecer alguna complicación no será para nada sencillo hallar una solución justa que conforme a las partes, por ejemplo.
Ahora bien, es importante destacar que los jueces están obligados a aplicar técnicas sustitutivas en aquellos casos de vacío legal siendo lo más normal que se aplique el criterio de analogía a través del cual el juez aplica aquella normativa que entiende en causas parecidas.
Sin embargo y más allá de estas injusticias que el derecho no sabe condenar, castigar, hay muchas maneras de actuar de modo injusto en el día a día sin que esto sea necesariamente penado por la ley. Tal es el caso de aprovecharse de un individuo cuando quiere comprar un artículo al informarle mal el precio, no cediendo el paso al transeúnte por parte de los automovilistas, no respetando el espacio público y dañándolo con basura, no distribuir de manera conforme la renta, hecho que da paso a la pobreza y a la desigualdad en materia de ingresos en una sociedad, etc.
Entonces, uno de los casos ejemplos de desigualdad social es la desigualdad en materia de ingresos y que está manifestada por la disparidad en lo que respecta a la distribución de los mismos. En casi todas las épocas y en todas las sociedades ha existido y existe esta desigualdad, en tanto, el sistema económico imperante (capitalismo versus socialismo), guerras, diferencias en habilidades y en educación de los individuos, cuentan a la hora de crear esa brecha de desigualdad en los ingresos.
Vale destacarse que la desigualdad social en materia económica desencadena una multiplicidad de problemas que terminarán por afectar el armónico desarrollo de la sociedad en general, entre ellos: caída en la esperanza de vida, adicción a las drogas, problemas mentales, deficientes niveles de educación y salud, aumento de los índices de embarazos juveniles.
El trabajo en pos de la eliminación de las conductas injustas circunstanciales o globales es algo en el que toda la comunidad debe comprometerse. La injusticia existe cuando los individuos de una sociedad o comunidad no reconocen los derechos de los demás y pasan por arriba de ellos. El cambio de actitud ante pequeñas o grandes situaciones de injusticia es el único camino hacia el logro de sólidas estructuras de justicia.
Con esto queremos decir que más allá que existan normas, leyes, que regulen determinadas actividades y situaciones de la vida en comunidad será preciso que cada individuo parte de la sociedad se comprometa de manera activa a defender la justicia, a promoverlo y por supuesto condenar la injusticia cuando la misma tenga lugar.

INQUIETUD

Una inquietud es una preocupación que produce una intranquilidad anímica, es decir, esta preocupación remite a un hecho que se percibe como un peligro o una posible amenaza.
La inquietud afecta de un modo notable al estado de ánimo hasta el punto de que un trabajador puede tener dificultades para concentrarse en el trabajo como consecuencia de estos conflictos internos que roban una gran energía mental.
Además, cuando las preocupaciones se acumulan, entonces, se produce un peso emocional que puede desbordar a la persona como muestra el ejemplo de la depresión.
Además, desde el punto de vista de la salud anímica, la inquietud también es una de las principales causas de estrés y ansiedad ya que la preocupación remite al futuro, a un hecho que se observa como una amenaza pero que todavía no se ha dado.
Desde este punto de vista, la inquietud es un claro ejemplo de cómo una idea irracional del futuro puede robar calidad de vida en el presente por imaginar posibles situaciones que desde el punto de vista del ahora no son más que una hipótesis, es decir, una posibilidad que puede darse o no darse.
Desde el punto de vista de la inteligencia emocional es importante poner en práctica algunos consejos de ayuda para reducir estas preocupaciones.
1. En primer lugar, es decisivo establecer metas a corto plazo que ayuden a poner la atención en lo inmediato.
2. Para vaciar la mente de las preocupaciones también es muy gratificante escribir en un diario esas ideas negativas o pesimistas para poner orden en el mundo interior.
3. Por supuesto, también es muy saludable charlar con un amigo de una forma distendida sobre estos miedos y dudas.
4. Caminar todos los días es una práctica de bienestar necesaria para poner cuerpo y mente en forma. Caminar eleva los niveles de optimismo y permite potenciar el nivel de concentración en el presente.
5. Es fundamental evitar la postergación en la toma de decisiones ante un conflicto.
6. Aprende a diferenciar entre aquello que depende de ti y aquello que no está en tus manos resolver. Existen personas que sufren por una realidad que no pueden modificar.
7. Evita cargar con el peso del pasado. Es muy importante caminar al ritmo de la realidad: en presente.