La indignación es un enorme enojo, enfado que provoca algo o
alguien con su comportamiento.
Como indicábamos líneas arriba, pueden ser dos cuestiones
las que desarrollen la indignación de alguien, una cuestión x, como ser una
situación que produce un estado de cosas con el cual no se está para nada de
acuerdo, un acontecimiento inesperado y desagradable, que como tal sorprende y
paraliza en el actuar y entonces desemboca en el fuerte enojo de quien lo
padece ante la imposibilidad de reaccionar en consecuencia.
Y por otra parte, la actitud, la acción de un individuo
puede desencadenar nuestra indignación. Cuando alguien se comporta fuera de los
parámetros sociales esperados, o en su defecto, cuando no toma en cuenta cierto
contexto y de todos modos protagoniza un comportamiento errante, suele
despertar la indignación de inmediato.
En tanto, a aquella persona que se encuentra padeciendo este
gran enfado se la denomina como indignado.
Normalmente, la
indignación que alguien siente puede ser el producto de una situación dentro de
su entorno o generada por alguien de su alrededor, aunque, también es común que
la indignación aparezca a partir de situaciones externas a nosotros, es decir,
que no se dan en nuestro entorno cercano, pero por sus condiciones y las
enormes consecuencias que implican, provocan indignación.
La indignación, además de con palabras y gritos, la gente la
suele manifestar también a través de gestos, como por ejemplo fruncir el ceño,
con algún ademán con la mano, entre otros, y en casos extremos a partir de
actos violentos, rompiendo todo lo que se le presenta delante o golpeando a la
persona que le causa el correspondiente enojo.
También, físicamente, la indignación tiene repercusión en
nuestro cuerpo, con la aparición de diversos síntomas corporales, tales como el
aumento del ritmo cardíaco, de la presión sanguínea y de los niveles de
adrenalina.
Como se puede deducir fácilmente de lo que venimos exponiendo
la indignación no es un estado para nada positivo, aún más, quien lo siente, lo
padece psíquica y físicamente y ello obviamente le traerá aparejado situaciones
y sensaciones desagradables.
La indignación es un estado súper negativo, que muchas veces
es imposible de manejar o de evitar, porque la vida normalmente nos depara
situaciones que no son agradables, sino por el contrario, pero en nosotros está
la herramienta de poder manejar esa ira que nos desencadenan para que no nos
hagan tan mal al cuerpo y a la mente que son los que más la sufren.
Hay personas que viven indignándose por todo, en este caso
ya podemos hablar de una inclinación natural a enojarse por todo, muchas veces
hasta sin razón, sino que se lo hace por costumbre.
En estos casos, lo recomendable es tratar de buscar ayuda
para resolver esta situación, ya sea trabajando el problema con un profesional
de la psicología, o con alguna técnica específica como puede ser la meditación,
que ayuda a reducir el estrés y también a equilibrar las emociones, ya sean
buenas o malas.
También son muy relevantes los afectos que tengamos
alrededor y que nos asistan y contengan cuando surjan esos ataques de enfado
supremo.
Y en el caso de aquellos que no disponen de esta inclinación
pero no pueden en algunas situaciones indignarse, lo recomendable es también
saber manejar situaciones que se sabe de antemano desencadenan este estado.
Una manera sería no someterse a determinados eventos que se
sabe nos harán enojar grandemente.
La vida tiene sinsabores, pero la clave está en saber
manejarlos y superarlos y no que ellos nos termine ganando o superando.
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